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  • José E.

Fiesta de Quesoburguesas

Este es el tipo de cleteadas que valen la pena. Ingesta calórica post cleteada.

¡y qué clase de hartada!

Hoy después de cletear con dos de los amigos que me metieron en este mundo (Lalo y Gari - más acerca de ellos luego) decidimos darnos la vuelta a la fiesta de quesoburguesas en Salt Traders.

La cleteada no fue nada extraordinaria. Nada. Decidimos salir hasta las 9 de la mañana para darle tiempo a la harta. Si, todo fríamente calculado desde el inicio. Una vuelta por Santa Ana ganándonos las calorías.

El día amaneció horrible, casualmente me desperté tipo 7 gracias a un rayo que se sintió como si hubiera caído en mi apartamento. Una vez sobre las dos llantas, la idea era salir por Santa Ana centro y subir por el Monasterio, y bajar por Guachipelín. Vuelta suave para retomar ritmo.

Sin embargo, pasó uno de los eventos clásicos: Gari se estalló. Tiene un don para esto, y esta vez no fue la excepción. Por ende, iniciando el ascenso hacia el Monasterio tuvimos que dar vuelta atrás y buscar un ciclo que arreglara la llanta. Debido a que la meta del día era mas culinaria que deportiva, y ya estabamos cerca de la hora de la comida, decidimos dar un par de vueltas suaves por Santa Ana para llegar a Salt Traders. Resulta que tenían un evento de quesoburguesas y no queríamos faltar.


Parada Tecnica en Salt Traders

Antes de caer a Salt Traders, decidimos ir al segmento en Strava en donde nos llevamos mayor competencia (y en donde yo, el más lento para bajar, tiene el record). Yo decidí bajar lento, ya que mi confianza en los descensos esta en 0 despues de que me caí por Escazú hace mes y medio. Sin embargo, fuerte riesgo porque le aposté a Lalo una hamburguesa si lograba romper el record. Por alguna extraña razón, el segmento en Strava le marcó un tiempo eterno y no pudimos terminar la apuesta, pero probablemente siguen leyendo más acerca de este segmento en otros posts.


Ahora bien, lo importante: ¡que-so-bur-gue-sa!


Llegamos a las once en punto y a lo que vinimos. Una quesoburguesa para cada uno y las expectativas fueron cumplidas: de las mejores quesoburguesas que nos hemos comido. Definitivamente valió la pena, a pesar de que probablemente no hayamos quemado las suficientes calorías para salir tablas.


No queda más que ponerle duro en la siguiente salida para empatar el pecado.


¡Saludos!

José



¡¡¡Quesoburguesa!!!

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